viernes, 21 de mayo de 2010

En comentario al texto 3.11 de la aventura del pensamiento


Contertuliano a Salva-sea-la-Parte
18 diciembre, 2011
No sé si encaja o no encaja, pero todos los días, desde el instante en que nos levantamos de la cama y ponemos el primer pie en el suelo ya estamos expuestos a que no todo lo que acontece encaje con nuestra “agenda”; y sin embargo las cosas suceden, y las incorporamos, y esas incorporaciones obligan a pequeñas o grandes vueltas de tuerca que van modificando nuestras vidas y nuestras mentes.
En cuanto a las frases, los aforismos que tú has escrito, no sabría decir si estoy de acuerdo o en desacuerdo, ya que todo cuanto pueda decirse o escribirse tiene, por lo menos, una doble lectura.
Por ejemplo, cuando escribes “la razón de tu vida eres tú mismo. Tu paz interior es tu meta en la vida”, ¿ha entenderse que soy el ombligo de mi mundo — el más importante de los mundos según yo (según el aforismo) — y que he de ir tras mi paz interior arrasando, si es preciso, con todo cuanto represente un obstáculo?
O cuando escribes (quiero decir transcribes, pues al ir entre comillas pienso que están tomados de algún otro sitio) “Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente a nadie.” ¿Quiere decirse que mi alegría y mi paz he de reservarlas sola y exclusivamente para mí misma?
Y “No coloques el objeto demasiado lejos de tus manos,” ¿significa que lo conveniente es no verse forzado a ampliar, romper la barrera de los propios alcances?
“Deja de pensar mal de tí mismo, y sé tu mejor amigo siempre.” ¿Me está invitando a que me mire con benevolencia, a que como “buena amiga” justifique mi forma de proceder, sea la que sea; o a que como “amiga mejor” me haga ver mis errores?
Posiblemente las interpretaciones acertadas no son las que yo he dado, y cuento con ello; pero cuento también con que hay infinitas maneras de interpretar.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.