viernes, 30 de abril de 2010

Texto 1.17

Publicado por  el abr 30, 2010 en Primer mensaje. La realidad incompleta

1.17 “El hombre alza su mirada al cielo de la misma forma que contempla a través de sentidos misteriosos el firmamento de su bóveda craneal; no es un sepulcro que recuerda el culto a un muerto, es un puñado de brillos que anuncia la explosión de un nuevo nacimiento. Cuando alguien facilita que otro le domine, adquiere una doble responsabilidad: la de meterse voluntariamente en la cárcel, que va contra la causa de su nacimiento, y la de vestir a ese alguien con el uniforme de carcelero”.

Afrodita
2 mayo, 2010
El primer párrafo de este punto 1.17 me sugiere el establecer una especie de comparación entre los brillos de estrellas muertas hace ya mucho tiempo y los de todas las posibilidades aún por realizar que alberga la mente. Al mismo tiempo, el propio texto ― y los anteriores y los venideros, en los que nos encontraremos siempre con que las complejidades de cada texto y de cada mente dan inevitablemente lugar a interpretaciones tan distintas ―, invita a que nos concedamos la libertad de interpretar. Y, como es natural, llegaremos a interpretaciones muy dispares; tanto que lo que para uno puede resultar más o menos lógico puede, para otro, ser un completo disparate.
Es natural y bueno y saludable y enriquecedor y un montón de calificativos más que se expresen opiniones que ― sujetas a su vez al temperamento y a la forma de sentir de cada cual, y la forma de expresar y de utilizar el lenguaje ― lleguen a la percepción de quienes las leen (leemos) de tal forma que cuando vemos una determinada reacción o una respuesta, ya sea a un comentario propio o al de cualquiera de los otros que interviene, nos quedamos (yo por lo menos me quedo) un poco sorprendidos por alguna interpretación que ni se nos había pasado por la cabeza.
Alguien planteaba en el punto anterior si en el blog hay debate o no lo hay.
¿Tiene que haber una única respuesta? ¿Cabe sólo la posibilidad del sí o del no?
A veces uno simplemente vive lo que está escribiendo como un ensayo, un dejar correr su imaginación sobre el papel, y luego sencillamente lo muestra sin hacer ningún otro tipo de valoración. Otras veces opina acerca de qué le sugiere cualquier otro de los comentarios; y ahí se entra en un terreno peligroso (o por lo menos problemático) porque puede encontrarse con que qué entendió o como lo entendió irrita o enfada a alguien.
Otro punto problemático es cuánto desagrada a algunos que este o aquel comentario sea innecesariamente largo; como si al extenderse se estuviera robando espacio a algo o a alguien o el decir algo que no es interesante fuese cometer una infracción.
¿Por qué ese afán por la utilidad?
En fin; que entre unas cosas y otras no se aborda con frescura el participar… Aparte de que, para qué vamos a engañarnos, cada cual somos de nuestro padre y de nuestra madre, y nos levantamos con el pie que toca, y a veces estamos con ánimo de departir y contemporizar y otras veces estamos huraños.
Y así se va configurando el blog del mismo modo que así se va configurando la vida.
En el párrafo que hoy nos ocupa el texto parece dar un quiebro a partir del punto y seguido, como si el autor abordase dos temas distintos.
Se me ocurre encontrarles la conexión de que corremos, todos, el riesgo de convertirnos tanto en prisioneros como en carceleros los unos de los otros sólo por el hecho de dejarnos atenazar por el temor de expresarnos.
***
frodita
3 mayo, 2010
Eulalia, disculpa, pero creo que no has interpretado bien ― y vuelvo a pedirte que me disculpes, no pretendo decir nada que pueda molestarte y sí sólo que a veces uno no se da cuenta del todo de qué está viendo ― el comentario de Anónimo. Casi todo el texto contenido en él figura entrecomillado.
¿Estás segura de que algo te puede chirriar en ese texto?
El deber al que se refiere quien pronunció o escribió lo que en él se trascribe, ¿puede de veras causarte algún tipo de temor?
¿No crees que es de verdad maravilloso que el seguro, el que no tiene miedos ni necesita sentirse amparado por la inseguridad de los otros, asuma el deber de mostrar al inseguro el camino y el derecho a alcanzar su propia libertad?
Como bien dice el texto la dependencia no se establece desde la persona segura, sino desde la insegura; pero es sin embargo la segura la que tiene la consciencia de esa dependencia, y la que puede y sabe cómo cortar las trabas que están impidiendo la evolución de la insegura. Y porque puede y sabe DEBE hacerlo. Y más cuando cuanto pretende lograr es entera y absolutamente en beneficio del otro, y no del beneficio propio (beneficio que, por otra parte, desde la limpieza de la intención se da inexcusablemente, de antemano y por sí solo).
Dices en tu último párrafo que encuentras pretencioso que alguien adopte determinada actitud para que otro aprenda algo. Pero en la vida, en todos los ámbitos del saber, han sido necesarios los Maestros, las personas que saben enseñar y trasmitir lo que el discípulo busca incluso aunque el discípulo no sepa muy bien lo que está buscando (me viene aquí a la cabeza el comentario de Malla al punto anterior, por aquello de que la verdad que puede ser expresada no es la verdadera verdad); y el Maestro tiene el deber de utilizar su sabiduría para trasmitirle su saber. Y algún método, algún procedimiento habrá de emplear. Y alguna actitud habrá de tomar.
¿O no?
Eulalia, de veras; relee el comentario de Anónimo y verás que no hay en él nada que te pueda chirriar.
Ah. Tomándome la licencia de opinar al respecto de la pregunta que plantea Ex-colástico creo que sí, que es insoslayable por parte del discípulo la aceptación de una dependencia inicial; lo chistoso del asunto es que también lo es por parte del Maestro, lo que conlleva (aun a pesar del Maestro) bastante más mérito habida cuenta de que por qué habría de hacerlo no teniendo nada que aprender ni que ganar.
Y sin embargo lo hace…

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.