sábado, 25 de diciembre de 2010

Solsticio de invierno

El reloj marca la 1:36 y en la radio hay música pienso que grabada anteriormente aunque puede que no; Andrés Arconada comenta películas con alguien cuyo nombre no recuerdo. En la calle hay más coches que en las noches normales. Hace un rato las luces del bar de copas (caro, para gente rica) estaban apagadas pero debe de ser que han abierto a la una.
Bajo el scalextric están acampadas las mismas personas, o se ven al menos las mismas colchonetas que cualquier otra noche, de siempre.
Pienso si duermen o piensan, si permanecen ahí tumbados, en silencio, añorando sus países y los proyectos que tuvieran algún día; y sus infancias.
Y que tal vez se imaginaran felices con nada más tener un techo de una casa con puerta (aunque fuera sin llave) sobre sus cabezas.
Es curioso que por las mañanas, cuando se marchan, no dejan ni un cartón, ni un papel ni una bolsa de plástico, ninguna huella de su estancia ahí.
Un día vi como, antes de ponerse en movimiento con sus carritos en los que llevarán, supongo, plegadas las cajas grandes que les hacen de pequeño habitáculo, barrían el lugar con un cartón.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Mirando Las Meninas

De vuelta del Museo del Prado quise consultar en internet los nombres de los personajes que aparecen en el cuadro de Las Meninas, me bullía en la cabeza el nombre de la enana y no lograba recordarlo. Encontré, entre otras muchas, esta página que (como ahí está nada voy a aportar yo con comentarla) me mereció bastante confianza o, por lo menos, mucha más que la Wykipedia, que tengo idea de que contiene no pocos “gazapos”. Creo, sin embargo, que sí contiene una errata ya que después de haber indicado que el personaje que está al lado de Marcela Ulloa es el guardadamas escribe, más abajo, “Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con el aposentador”, cuando el aposentador es quien está saliendo por la puerta del fondo.
Para mirarlo en el ordenador me parece que donde mejor se ve es en, haciendo clic en la imagen pequeña que hay bajo las palabras LO QUE PUEDES VER.
Me parece curiosa e interesante la interpretación que hace del cuadro Ángel del Campo, apuntando a detalles que escapan, como es lógico, al ojo de los que no somos versados ni en pintura ni en Velázquez.
Visto el cuadro “in situ” y con esa querencia que tenemos las personas a aproximarnos lo más posible a lo que queremos mirar se pierde, en mi opinión, la sensación de conjunto; y quien lo quiera comprobar que mire el cuadro desde la puerta de la sala que queda justo enfrente de él, aunque luego se acerque para ver la parte de abajo que le habrán estado tapando las cabezas de los otros visitantes.
Una de las impresiones que da el cuadro — me figuro que a cualquiera lo mismo que a mí — es que Velázquez lo que está pintando en el gran lienzo que los espectadores vemos por su parte de atrás es, eso, los espectadores que miramos su cuadro y a quienes él mira y seguirá mirando — y no de frente, por cierto, sino bajando un poco la mirada como teniendo en cuenta que quienes luego lo mirásemos estaríamos situados en un nivel algo más bajo (la base del cuadro queda, si no calculo mal, como a algo menos de un metro de altura) —eternamente y en nuestro constante desfilar, desde el lienzo que sí pintó.
Creo que hay una interpretación que asevera que a quienes está pintando es a los reyes — Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria —, lo que ya confiere al cuadro un algo de enigmático porque si están frente a él no puede al mismo tiempo estar viéndolos reflejados en el espejo del fondo; aunque el inigma quedaría (me doy cuenta de pronto) resulto si a la espalda de los reyes estuviese colocado otro espejo en el que se reflejase el del fondo.
Tuve, como digo, la impresión de apreciar mejor el cuadro cuando lo miré desde la puerta; aunque como es natural me acerqué, igual que todo el mundo.
Luego, en casa, al querer averiguar el nombre de la enana (Mari Bárbola) y tener frente a mis ojos, en la pantalla (pulsar más arriba, donde pone esta página), el cuadro lo suficientemente pequeño para poder abarcarlo con una sola mirada se me representó, al pronto y sin poder evitarlo, formada por los dos cuadros del fondo que están en alto y el espejo en que están reflejados los reyes, la imagen de una calavera; podría incluso, afinando un poco más, decir que las dos figuras me sugieren los agujeros de la nariz.
En ninguna de las páginas en que he andado mariposeando he leído que ningún experto o entendido haya visto la tal calavera. Pero a mí se me representa…
Me deja un poquito perpleja el empecinarme en que yo sí la veo, y me pregunto si habrá alguna autoridad en este mundo que pueda — aun a pesar de sus conocimientos y de mi profanía — disuadirme de que, tal vez, por qué no y entre tantos otros símbolos como el cuadro contiene, Velázquez estaba en verdad queriendo sugerir una calavera.
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Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.