viernes, 25 de junio de 2010

Comunicado urgente de la decisión tomada por esta Administración al objeto de divulgar la cultura y fomentar el saber

Esta Administración, en su ferviente deseo de ver colmadas las expectativas de sus conciudadanos y demás congéneres, en su incansable y denodado esfuerzo por dar satisfacción a sus inquietudes culturales, en su no decaer un solo instante en su desvelo por acercar el conocimiento no ya sólo a las escuelas, colegios mayores y menores, institutos y universidades y otros templos del saber tal que las plazas públicas, y las privadas, y las avenidas y las calles tanto si son céntricas y transitadas como si son estrechos y olvidados callejones, y los jardines, y los mercados sean estos de abastos, del arte o de trabajo y otros lugares de instrucción en tantas ramas del saber como puedan adornar y enriquecer las mentes de nuestros jóvenes, y de nuestros viejos, y de nuestras amas de casa o de cría o de llaves, y de nuestros clérigos y militares, y de nuestras doncellas y de nuestros mozos de cuadras y sin perjuicio de que sea de utilidad también para mitigar el aburrimiento de nuestros desocupados y desocupadas, ha acordado, en sesión extraordinaria celebrada el jueves 24 de junio en el salón de retratos al oleo unos y a plumilla otros ― pero todos correctamente enmarcados en materiales y esmeros concordantes, en cada caso, con el rango y mérito de los retratados ― de los personajes ilustres que en esta Administración hayan sido (hasta la fecha por lo menos) dignos merecedores de no ser flagelados; ha acordado, decimos, esta Administración, repetimos, en la susodicha sesión extraordinaria, fantástica, magnífica, maravillosamente bien servida por uno de los restauradores más prestigiosos de esta villa y corte y regada con los más excelsos caldos que quepa imaginar, editar, con periodicidad que quedará fijada puntualmente los lunes y los jueves en verano y los miércoles y viernes en invierno, una a modo de gacetilla que recogerá los eventos más relevantes acaecidos en la localidad.

Lo que, en su inquietud, en su celeridad, en su obsesión inasequible al desaliento por la puntualidad, esta Administración, una vez desembarazada de los asistentes más remolones o remisos levantar el culo de los sillones orejeros de la salita anexa donde les fue obsequiado un puro (a cada uno) y un licor después de los postres, ordena imprimir, una vez firmado y rubricado y estampado de los sellos pertinentes, a las 6:12 horas de esta mañana que, Dios sea loado, no es ― con lo que ello conllevaría de nuevas comilonas con sus correspondientes caldos y postres y subsiguientes puros y licores ― de invierno aunque sí de viernes.


                    Ver otras disposiciones de no menor interés




Safe Creative #1012278141773

viernes, 18 de junio de 2010

A dimequeno

Bueno, es verdad que esto ocurrió, pero a la pregunta de cómo usted lo ha sabido no puedo contestarle porque tampoco yo lo sé. Lo que usted me muestra no fue, en ningún momento, ninguna entrada de ningún blog y sí sólo un correo que envié a mi hermana contándole, pues lo que cuento, un contratiempo. La única explicación que se me ocurre es que, en algún despiste, en vez de enviárselo a mi hermana hiciese clic en alguna parte de esas que envías algo a un montón de gente que lo mismo ni conoces.
Le servirá, de cualquier modo, para entender un poquito cómo su propia biografía (que según afirmaciones de usted misma no es ni propia ni suya) está, sin su autorización, circulando por la red.

Una dedicatoria

lunes, 14 de junio de 2010

Texto 1.20 (Último del Primer mensaje.La realidad incompleta)

Publicado por  el jun 14, 2010 en Primer mensaje. La realidad incompleta

1.20 “El pensamiento revolucionario hacia la igualdad sólo se justifica históricamente desde una sistemática falta de respeto a las diferencias; la igualdad es una enfermedad comprensible, una protesta ante la injusticia que ha de ser administrada por el brujo de la tribu; ¿por qué hay que repetir mil veces que el hombre es dueño de su vida?, ¿a quién tenemos que convencer?; por ahora sólo se puede tener la vivencia de que cada uno es responsable de su destino, y aún, a pesar de Heráclito y Pitágoras y tantos otros, se sigue confundiendo el destino con un resultado aparente consensuado por la mayoría”.

Afrodita
14 junio, 2010
Ya leímos, en la dedicatoria del autor, “a aquellos que van a elegir nuestro mundo para nacer”. De lo que parece deducirse que ya antes del nacimiento existe un YO, y que ese YO goza de una libertad, y que la persona que cada cual somos lo es gracias, ante todo, a la libertad y a la voluntad de ese YO previo que nos eligió. No puede, por tanto, ser la persona dueña de su vida, ni de ninguna vida que pueda engendrar; pese a lo que diga la ministra Aído o lo que defiendan todas las feministas del mundo.
***
frodita
15 junio, 2010
Interesante la reflexión de Enrique en su comentario de las 09:34, sobre todo las preguntas que plantea en el segundo párrafo.
Fatalidad, predeterminación y destino…
Y las personas las manejamos, o las imaginamos, a nuestro antojo o “a lo que podemos” y de maneras un tanto caprichosas. A veces echamos las culpas (cuando van mal las cosas, por lo general) a nuestro destino cruel, y nos sacudimos las pulgas de nuestra responsabilidad. Otras, en cambio, nos empecinamos en tal o en cual y, si sale, nos ponemos contentos adjudicándonos el mérito.
Pero parece inevitable, ¿no? Jugar con destinos y azares y predeterminaciones y fatalidades. Y entre tanto, la vida sigue, a su propio aire y sin que uno sepa si corre detrás o va por delante.
¿Me persigue mi destino o persigo a mi destino?
Y ese cuento creo que sufí, tan bonito, del criado de un hombre que vio a la muerte en el mercado un día por la mañana y, asustado, dijo a su amo “me marcho a Hispahan (lo habré escrito mal), que está muy lejos, porque he visto a la muerte y me ha mirado mal”. Y el hombre se fue al mercado, y buscó a la muerte, y la increpó “¿por qué miraste mal a mi criado?”.
“No lo miré mal. Lo miré con sorpresa porque debo llevármelo esta noche; pero no de aquí sino de Hispahan”.
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Afrodita
29 junio, 2010
A ver si me desenredo con el amor y el mirarse mutuamente o en la misma dirección. De entrada, cuando Carmina escribe la frase por primera vez (primera vez en el blog), parece que el mirar en la misma dirección es más deseable, que sugiere un amor más depurado, ¿o no es cierto que los amores en los que sólo parece existir el ser amado, y un sólo ser amado, dan una cierta sensación de asfixia, de empobrecimiento, de “esto es lo que yo amo y nada más”?
Luego, en la réplica de Anónimo (el de las 13:19 del día 23; que creo que no es el mismo que el que firma IJACAE) aparece la reflexión de que eso sí que es no deseable porque está implicando una especie de complicidad; y la acepción de qué él entiende como amarse resulta también bastante convincente.
Posteriormente Zascandil replica a Anónimo (que no es que me dé yo cuenta así al primer pronto, sino que lo deduzco por la alusión que más tarde le hace Anónimo) ; y la argumentación de Zascandil también tiene, a mi parecer, mucho de aceptable.
Y en la última intervención de Anónimo apunta que el amarse ha de ser combate; algo así como vivir en un ay; que también, ¿por qué no?, puede ser.
Son exposiciones diversas, distintas, contradictorias (o confrontatorias, no sé) y, sin embargo, todas expuestas con pulcritud y bien argumentadas.
Tal vez (o casi seguro) lo que ocurre con el mundo de los conceptos es que cada cual tenemos uno, el nuestro, y que por muchas vueltas que demos a las palabras y por mucho que intentemos trasmitirlo hay algo en la esencia del concepto, el que sea me da igual que se trate de “amor” o de “belleza” o de “generosidad” o de “honestidad” o de otros miles que puedan nombrarse, que le confiere la cualidad de absolutamente intrasmisible.
Pero las personas lo intentamos, nos pasamos la vida intentando hacernos entender… O a lo mejor intentando entendernos a nosotros mismos porque, en mi caso concreto, estoy ahora mismo que no sabría, de verdad, dar una definición de qué es amarse aunque me amenazasen con “pues, señora, o da usted una definición ahora mismo o la llevamos a la hoguera”.
Antes de los comentarios, sin embargo, sí tenía (o creía, al menos que tenía) una definición que poder dar.
No sé si debo agobiarme porque se me tambalea mi idea, o alegrarme porque en el trastabille me encuentro con cuatro asideros que antes no tenía.
Lo digo en serio. Y creo de veras que eso es bueno. Y que es una bendición de los cielos que tras tantas argumentaciones denostando o ensalzando diferencias nos demos, nos brindemos, al remate, los unos a los otros tantos perfiles de diferencias que, eso seguro, nunca van a empobrecernos.
***
Afrodita
1 julio, 2010
Pues parece ser que sí, Destinatari; que realizarías tu destino, pese a todo, y que recorrerías el camino tropezando en las mismas piedras que de cualquier modo tú ya sabías que iban a estar ahí.
Es un asunto extraño, ese, ¿verdad?
Parece a un primer pronto que por qué elegir la dificultad o el esfuerzo. Una noción bastante espontanea de qué es el egoísmo parece indicar que lo “bueno”, lo cómodo o lo grato, es conseguir, en el terreno que sea, cuanto más mejor y con el mínimo esfuerzo. Creo que incluso (no entiendo nada de ciencia ni de tecnología) gran parte de los estudios y avances de la física han ido siempre encaminados a eso, al máximo logro con el mínimo esfuerzo.
¿Por qué tendríamos entonces que ser los humanos tan tontos? O, a lo mejor, tan poco egoístas en el fondo.
¿O es que dentro del ser humano existe una especie de “gran egoísmo inteligente” que lo induce a afrontar la dificultad en pos de un logro de tal calidad, o de tal calibre, que sabe de antemano que merece la pena alcanzar?
Y no alcanzarlo para la propia inmediatez del uno mismo que, a fin de cuentas, se solventaría con un egoísmo bastante pequeño, a la medida de la propia y personal pequeñez.
No sé si cada vez que he escrito “egoísmo” estaría siendo más acertado “ambición”.
De cualquier modo ahí está, ese “lo que sea” que no tiene tal vez ningún nombre conocido o conceptualizable para el entendimiento humano; ese algo que nos hace tener una especie de consciencia aunque olvidada de que la empresa que nos traemos entre manos es demasiado grande e importante como para poder abarcarla y ver sus frutos en nuestra existencia de… ¿Cuánto puede vivir una persona; noventa y tantos años?
No estoy, por supuesto y Dios me libre, tratando de explicarte nada ni de responder a tus preguntas. Solo he tratado de plasmar (muy mal) qué me ha sugerido tu planteamiento.

miércoles, 9 de junio de 2010

Al remitente

Pues, el caso, mi apreciada Bermeral, es que es un tema muy, muy personal y, muy, muy delicado que no se puede poner ni en manos, ni en bocas, ni en oídos necios de cualquier insensato o insensata. Es por eso que no dejo editar así, sin más trámite, al primero o a la primera que llega; de modo que, por favor…

martes, 8 de junio de 2010

¿Qué pasa con los comentarios?

Llevo rato peleando con permitir comentarios, y sin moderación ni nada, además, que estoy esperando un mensaje muy importante y no puedo andarme con remilgos; pero no hay manera de que funcione. Así que, por favor, el primero que vea esto que me deje alguno, ¿vale?
Es comodísimo, no hay que identificar ni palabra ni nada.
Venga, por favor, que se anime alguien.

Juliette Greco

A Bermeral

Vaya, qué tonta he sido. No habría hecho falta que la hiciese venir hasta aquí, pero cuando he estado intentando ponerle una nota en su blog se quedaba todo parado y no había forma y, por eso, opté por escribir aquello tan escueto.
Y, para colmo, fíjese qué horas son; tengo tantísimo sueño que no  sería capaz de explicarle en condiciones de qué se trata el asunto a que he aludido ni cuál es el favor que necesito pedirle.
De todos modos no es necesario que ande yendo y viniendo porque, ya que la interesada soy yo, parece justo que yo sea quien me ocupe de acudir a su blog y dejarle el recado (que puedo, sí, avanzarle que está relacionado con esa señora, la del Carpio, que es una bellísima persona, pero, ¡lástima, pobrecita! y eso que fue, se lo puedo asegurar, una mente del todo preclara y hoy, en cambio, con el paso de los años y la llegada de la senectud, su cabeza no funciona en condiciones) allí.
Ruego me disculpe las molestias que le haya podido ocasionar.

martes, 1 de junio de 2010

Y me escuchó

Había salido con Sánchez a hacer el último pis – suyo, se sobrentiende y, para los nuevos en esta página, Sánchez es mi perro – y al dar la vuelta, ya de regreso, había un gato negro, grande, en la otra parte de la glorieta, por donde la parada de taxis y el quiosco de prensa.

Luego, desde la ventana, estuve un rato pendiente de él con los prismáticos. Eran poco más de las cinco y ahora, verano ya prácticamente, amanece muy pronto y yo quería que el día no lo encontrara en un lugar con tan pocos recursos para un gato como es la acera de la glorieta; ningún rincón acogedor y fresco, ningún seto bajo el que agazaparse y permanecer a una distancia razonable de los pies hostiles de transeúntes apresurados o desaprensivos o crueles.


Pasaron varios minutos hasta que volvió a reaparecer de por bajo los coches aparcados; se paseó indiferente, altivo y despreocupado por la acera con la cola en alto, como un periscopio, sin cortedad ni consideración ninguna al hecho de estarme teniendo con el alma en vilo.


Hable a mi destino y le dije “nunca te pido nada para mí, y tú lo sabes; no me des más suerte ni más venturas de las que ya me adornan, pero cámbiame de sitio este gato, que la glorieta no es un buen lugar para él”.


Se hizo esperar, pero una media hora después lo vi – al gato – correr como una bala cruzando Joaquín Costa, en dirección a los curas. No es – y podría serlo si no fuera por culpa de su patio y de los porteros y algunos vecinos del lado de los pares -, pensé, el mejor de los lugares pero sí – a él – en el que sabes desenvolverte y es pese a todos los inconvenientes tu medio.


Hice oído, mientras cruzaba bajo el paso elevado; el escaléxtric no me permite ver la calzada de aquel lado, pero no se oía en aquel momento ruido ninguno, ningún coche rodando en ninguna de las direcciones. Y le di las gracias a mi destino pensando que, bueno, se había portado bien.


Las personas somos así de ingenuas, pensamos que cuando las cosas salen como las deseamos es que nuestros ruegos han sido escuchados cuando la pura verdad es que el golpe de suerte ha consistido tan sólo en desear, sin estarlo sabiendo, justo aquello que con o sin nuestra intervención iba, de todas maneras, a suceder.






Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.